Ambiente familiar: influencia en el desarrollo social y emocional

23 02 2012

La calidad del ambiente familiar y las experiencias que viven los niños en él son fundamentales para su desarrollo social y emocional. Como en la infancia se aprende más que en cualquier otra etapa de la vida, los individuos son vulnerables a repetir las acciones que observan durante su niñez, al crecer los niños imitarían la acciones que observaron y experimentaron en su entorno familiar, especialmente de sus padres.

Ambiente familiar autoritario

Ea el ambiente en el cual el niño es educado para obedecer completamente a los adultos y darles siempre la razón (Torres y Hernández, 1997). Los padres reprimen severamente los instintos del pequeño, pretenden que siempre haga lo establecido y mantienen unas normas muy estrictas que esperan se cumplan fielmente.

No se puede vivir sin normas, éstas dan seguridad al individuo sobre lo que es correcto e incorrecto para que pueda tomar decisiones y actuar. De acuerdo con las etapas de desarrollo de Kohlberg y su replanteamiento  costo/beneficio (Villegas, 1995), en la primera etapa los niños están sujetos a normas definidas externamente por sus padres o cuidadores y le dan una orientación hacia el castigo y la obediencia. El niño juzga los actos como buenos o malos si están asociados o no con la acción, lo incorrecto es lo que está asociado con consecuencias negativas y acata estas normas para evitar el castigo, entendido como la corrección de las acciones incorrectas de acuerdo con las normas establecidas.Pero cuando la represión es severa, el niño cumple con las normas no porque haya participado en su construcción o las comprenda sino por miedo al castigo, no desarrolla autonomía para apropiarse de ellas.

En un ambiente autoritario el niño no tiene muchas posibilidades de explorar ni de ponerse a prueba, debe obedecer órdenes y seguirlas sin evaluarlas ni criticarlas. Además, como el castigo puede llegar a ser excesivo e injustificado para la acción cometida, ya como adulto puede ser incapaz de simpatizar con el dolor ajeno porque él mismo nunca pudo experimentar el suyo de manera consciente de niño, tuvo que reprimirlo y ocultarlo (Torres y Hernández, 1997). También puede ocurrir que se desarrolle como una persona hostil y agresiva. Al respecto, Mills y Rubin (1993) encontraron que la frecuencia de la hostilidad de los niños con sus pares estaba asociada al grado en el cual las madres intentaban controlarlos autoritariamente sin explicarles el por qué de sus determinaciones.

Si las formas de relacionarse que aprenden y practican los niños son la fuerza y la imposición, estas serán sus formas naturales de socialización, así aprenderán a moverse y a reconocer a los demás (Torres y Hernández, 1997). La agresividad se da especialmente hacia figuras que no son de autoridad, el niño que crece en este ambiente aprovechará para descargar su agresividad con otros más débiles (Torres y Hernández, 1997). La investigación de Domitrovich y Bierman (2001) encontró evidencia de que si los padres tienen altos niveles de disciplina coercitiva y punitiva, reflejados en reprimendas y hostilidad hacia el niño, éste desarrolla comportamientos agresivos y bajos niveles de altruismo.

Ambiente familiar donde no hay normas definidas

En un ambiente familiar donde hay laxitud en las normas se deja al niño completamente libre para que haga lo que quiera. Los padres no establecen límites, lo cual hace que el niño se confunda y no pueda diferenciar entre lo que está bien y es correcto de lo que no lo está. Los niños no reciben castigo de sus padres cuando cometen faltas o errores, es decir, no se les brinda retroinformación que le de valor moral a su acción. Hay hipótesis que señalan que los niños consideran que el adulto es quien sabe cuándo castigar y cuándo premiar y esto le da seguridad (Everest, 1987). Así, cuando un niño no encuentra una figura que lo oriente sobre lo bueno y lo malo, se le genera incertidumbre en cuanto a las normas, crece inseguro y él mismo es el que pone la norma a su acomodo y sin seguridad.

Es posible que el niño no desarrolle capacidades para crear conciencia moral ni para construir unos valores propios, la teoría del costo/beneficio (Villegas, 1995) indica que los valores dependerán de lo que al niño le produzca beneficios.

El niño, al no tener límites, no sabe resolver conflictos, no tiene las herramientas para ello, no maneja relaciones de reciprocidad pues generalmente querrá que las cosas y situaciones lo beneficien por lo que es difícil que sean empáticos.

Ambiente familiar agresivo

Un tercer tipo de ambiente familiar es el agresivo, donde se presentan actos de agresión entre padres, padres e hijos y con terceros. El niño que crece en este ambiente aprende e imita las acciones agresivas (Bandura, 1963).

El desarrollo de la agresividad se favorece si el ambiente es violento ya que los niños realizan acciones violentas y construyen razonamientos que las justifican. Se imita la agresividad de otros y se crean modelos que son muy estables durante su vida. En un ambiente violento es muy probable que el niño sea maltratado y hay evidencia de que los niños maltratados desarrollan modelos agresivos que aplican a otro tipo de relaciones y a relaciones futuras (Dodge, Bates y Pettit, 1990).

El ambiente familiar es un factor clave en el desarrollo socio-afectivo y ético del individuo. En términos probabilísticos (Bowlby, 1973 en Sroufe, 1995), se ha encontrado que el niño que haya experimentado una adaptación temprana afortunada, tendrá éxito con mayor probabilidad en fases posteriores, su desarrollo previo puede determinar el camino para su desarrollo posterior. Un ambiente adecuado para el desarrollo no es aquel donde el control es excesivo y el niño no tiene opciones, tampoco aquel en el que las opciones son ilimitadas. Es aquel en el que las opciones son limitadas.

Basado en un ensayo que escribí en abril de 2002 y que creo interesante compartir.

Bibliografía

  • Bandura, A. (1963). Imitation of film-mediated agressive models. Ournal of Abnormal and Social Psychology, 66, 3-11.
  • Dodge, K.A., Bates, J.E. y Pettit, G.S. (1990). Mechanisms in the cicle of violence.  Science, 250, 1678-1683.
  • Domitrovich, C. y Bierman, K. (2001). Múltiple pathways of influence. Merrill Palmer Quarterly. Vol 47 No. 2 235
  • Mills, RSL y Rubin, KH. (1993). Parental ideas as influence on children´s social competence. En S. Duck (Ed). Learning about relationships. Understanding relationships processes series, Vol 2. Thousand Oaks, Ca, US: Sage.
  • Everest (1987). Los primeros años de la vida. España: Editorial Everest
  • Sroufe, A (1995). Desarrollo emocional. La organización de la vida emocional en los primeros años.
  • Torres, C. y Hernández, C. (1997). Imaginados e invisibles. Reflexiones sobre educación y maltrato infantil. Bogotá: Colciencias.
  • Villegas, C. (1995). Acción moral. De una moralidad estratégica a una moralidad de principios o solidaridad. Revista Latinoamericana de Sicología, Vol 27, No. 3, 463-470.
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