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Ambiente familiar: influencia en el desarrollo social y emocional

Ambiente familiar: influencia en el desarrollo social y emocional

La calidad del ambiente familiar y las experiencias que viven los niños en él son fundamentales para su desarrollo social y emocional. Como en la infancia se aprende más que en cualquier otra etapa de la vida, los individuos son vulnerables a repetir las acciones que observan durante su niñez, al crecer los niños imitarían la acciones que observaron y experimentaron en su entorno familiar, especialmente de sus padres.

Ambiente familiar autoritario

Ea el ambiente en el cual el niño es educado para obedecer completamente a los adultos y darles siempre la razón (Torres y Hernández, 1997). Los padres reprimen severamente los instintos del pequeño, pretenden que siempre haga lo establecido y mantienen unas normas muy estrictas que esperan se cumplan fielmente.

No se puede vivir sin normas, éstas dan seguridad al individuo sobre lo que es correcto e incorrecto para que pueda tomar decisiones y actuar. De acuerdo con las etapas de desarrollo de Kohlberg y su replanteamiento  costo/beneficio (Villegas, 1995), en la primera etapa los niños están sujetos a normas definidas externamente por sus padres o cuidadores y le dan una orientación hacia el castigo y la obediencia. El niño juzga los actos como buenos o malos si están asociados o no con la acción, lo incorrecto es lo que está asociado con consecuencias negativas y acata estas normas para evitar el castigo, entendido como la corrección de las acciones incorrectas de acuerdo con las normas establecidas.Pero cuando la represión es severa, el niño cumple con las normas no porque haya participado en su construcción o las comprenda sino por miedo al castigo, no desarrolla autonomía para apropiarse de ellas.

En un ambiente autoritario el niño no tiene muchas posibilidades de explorar ni de ponerse a prueba, debe obedecer órdenes y seguirlas sin evaluarlas ni criticarlas. Además, como el castigo puede llegar a ser excesivo e injustificado para la acción cometida, ya como adulto puede ser incapaz de simpatizar con el dolor ajeno porque él mismo nunca pudo experimentar el suyo de manera consciente de niño, tuvo que reprimirlo y ocultarlo (Torres y Hernández, 1997). También puede ocurrir que se desarrolle como una persona hostil y agresiva. Al respecto, Mills y Rubin (1993) encontraron que la frecuencia de la hostilidad de los niños con sus pares estaba asociada al grado en el cual las madres intentaban controlarlos autoritariamente sin explicarles el por qué de sus determinaciones.

Si las formas de relacionarse que aprenden y practican los niños son la fuerza y la imposición, estas serán sus formas naturales de socialización, así aprenderán a moverse y a reconocer a los demás (Torres y Hernández, 1997). La agresividad se da especialmente hacia figuras que no son de autoridad, el niño que crece en este ambiente aprovechará para descargar su agresividad con otros más débiles (Torres y Hernández, 1997). La investigación de Domitrovich y Bierman (2001) encontró evidencia de que si los padres tienen altos niveles de disciplina coercitiva y punitiva, reflejados en reprimendas y hostilidad hacia el niño, éste desarrolla comportamientos agresivos y bajos niveles de altruismo.

Ambiente familiar donde no hay normas definidas

En un ambiente familiar donde hay laxitud en las normas se deja al niño completamente libre para que haga lo que quiera. Los padres no establecen límites, lo cual hace que el niño se confunda y no pueda diferenciar entre lo que está bien y es correcto de lo que no lo está. Los niños no reciben castigo de sus padres cuando cometen faltas o errores, es decir, no se les brinda retroinformación que le de valor moral a su acción. Hay hipótesis que señalan que los niños consideran que el adulto es quien sabe cuándo castigar y cuándo premiar y esto le da seguridad (Everest, 1987). Así, cuando un niño no encuentra una figura que lo oriente sobre lo bueno y lo malo, se le genera incertidumbre en cuanto a las normas, crece inseguro y él mismo es el que pone la norma a su acomodo y sin seguridad.

Es posible que el niño no desarrolle capacidades para crear conciencia moral ni para construir unos valores propios, la teoría del costo/beneficio (Villegas, 1995) indica que los valores dependerán de lo que al niño le produzca beneficios.

El niño, al no tener límites, no sabe resolver conflictos, no tiene las herramientas para ello, no maneja relaciones de reciprocidad pues generalmente querrá que las cosas y situaciones lo beneficien por lo que es difícil que sean empáticos.

Ambiente familiar agresivo

Un tercer tipo de ambiente familiar es el agresivo, donde se presentan actos de agresión entre padres, padres e hijos y con terceros. El niño que crece en este ambiente aprende e imita las acciones agresivas (Bandura, 1963).

El desarrollo de la agresividad se favorece si el ambiente es violento ya que los niños realizan acciones violentas y construyen razonamientos que las justifican. Se imita la agresividad de otros y se crean modelos que son muy estables durante su vida. En un ambiente violento es muy probable que el niño sea maltratado y hay evidencia de que los niños maltratados desarrollan modelos agresivos que aplican a otro tipo de relaciones y a relaciones futuras (Dodge, Bates y Pettit, 1990).

El ambiente familiar es un factor clave en el desarrollo socio-afectivo y ético del individuo. En términos probabilísticos (Bowlby, 1973 en Sroufe, 1995), se ha encontrado que el niño que haya experimentado una adaptación temprana afortunada, tendrá éxito con mayor probabilidad en fases posteriores, su desarrollo previo puede determinar el camino para su desarrollo posterior. Un ambiente adecuado para el desarrollo no es aquel donde el control es excesivo y el niño no tiene opciones, tampoco aquel en el que las opciones son ilimitadas. Es aquel en el que las opciones son limitadas.

Basado en un ensayo que escribí en abril de 2002 y que creo interesante compartir.

Bibliografía

  • Bandura, A. (1963). Imitation of film-mediated agressive models. Ournal of Abnormal and Social Psychology, 66, 3-11.
  • Dodge, K.A., Bates, J.E. y Pettit, G.S. (1990). Mechanisms in the cicle of violence.  Science, 250, 1678-1683.
  • Domitrovich, C. y Bierman, K. (2001). Múltiple pathways of influence. Merrill Palmer Quarterly. Vol 47 No. 2 235
  • Mills, RSL y Rubin, KH. (1993). Parental ideas as influence on children´s social competence. En S. Duck (Ed). Learning about relationships. Understanding relationships processes series, Vol 2. Thousand Oaks, Ca, US: Sage.
  • Everest (1987). Los primeros años de la vida. España: Editorial Everest
  • Sroufe, A (1995). Desarrollo emocional. La organización de la vida emocional en los primeros años.
  • Torres, C. y Hernández, C. (1997). Imaginados e invisibles. Reflexiones sobre educación y maltrato infantil. Bogotá: Colciencias.
  • Villegas, C. (1995). Acción moral. De una moralidad estratégica a una moralidad de principios o solidaridad. Revista Latinoamericana de Sicología, Vol 27, No. 3, 463-470.

Crianza familiar y efectos en el aprendizaje escolar

Crianza familiar y efectos en el aprendizaje escolar

La familia y la escuela son dos instituciones diferentes que se relacionan, esta relación no ha sido claramente explicitada y además hay relaciones entre los contextos de la familia y de la escuela.

Las diferencias entre las familias son sutiles y poderosas e influyen en la forma como los niños se desempeñan en la escuela y en cómo se van reproduciendo las desigualdades sociales.

La posición de clase de las familias hace que las practicas de crianza sean distintas. Hay diferencias en:

  • el uso del lenguaje
  • los recursos culturales (libros, instrumentos musicales, computador)
  • los espacios para realizar actividades escolares
  • los recursos económicos que facilitan o dificultan llevar al niño o niña a actividades extraescolares y pagar otros materiales
  • la disponibilidad de tiempo de los padres para entregar habilidades a los hijos y
  • las habilidades académicas de los padres.

Todos estos capitales vistos por separado pueden ser irrelevantes, pero al tenerlos juntos se visualizan las implicaciones que tiene la clase social de la familia en la educación de sus hijos. Además las escuelas demandan de las familias unas prácticas culturales que no todas ellas dominan por igual, es decir no todas las familias tienen el mismo capital para responder a estas demandas.

Lareau (2003) construye dos conceptos que identifican cada una de las maneras de crianza propias de cada clase social: cultivación concertada y activación del desarrollo natural.

En la cultivación concertada las familias realizan el cuidado vital de los niños, fomentan que den opiniones y argumenten, generan una forma de relacionarse con las jerarquías, manejan un lenguaje instructivo pero razonado, organizan el tiempo libre de los niños y niñas con actividades que les permitan desarrollar sus talentos, activan redes sociales que permiten vincular el espacio privado y el público. Este patrón de crianza puede generar presiones en los niños y construir sujetos individualistas.

En la categoría activación del desarrollo natural las familias también son cuidadosas del desarrollo vital de los hijos, en la vida diaria predomina el juego en casa y ver mucha televisión, hay vida de calle, se generan fuertes lazos con hermanos y familiares y el tiempo libre se usa más en actividades informales. El lenguaje, es instructivo, escasamente metafórico, hay un limitado espacio para razonamiento sin desafiar estructuras cognitivas y es gramaticalmente limitado. Este patrón de crianza puede generar sujetos más felices pero con limitaciones sociales.

Estas estrategias inconscientes puestas en juego generan diferencias en el desarrollo intelectual y van construyendo diferencias educativas entre niños y niñas muy preparados y no necesariamente felices versus niños y niñas con “pobreza cognitiva” pero probablemente más felices. En la primera forma de crianza los niños y niñas se empoderan, se hacen conscientes de sus derechos y saben vincularse con otros y con otras instituciones mientras que en la otra forma de crianza este empoderamiento es restringido.

Bibliografía

Lareau, A. (2003). Unequal childhood: class, race and family life. Berkeley: University of California.